Yara: La escritora que transformó la depresión en un monstruo creativo

Multifacética y resiliente, Yara es jugadora de handball, activista por la salud mental, estudiante de ciberdefensa y, sobre todo, escritora. En sus dos libros, “De Pluma, Tinta y Café” y “Los Escritos detrás del Sol”, explora desde el debate social hasta el camino de la autoaceptación. En esta entrevista, nos cuenta cómo convirtió su etapa más oscura en su mayor fuente de inspiración y cómo un cuaderno en blanco se convirtió en el campo de juego donde anota sus victorias más importantes.

Para quien no te conoce, la pregunta es inevitable. ¿Quién es Yara?

Bueno, además de ser yo (risas), Yara es escritora, jugadora de handball, una gran activista de lo que es la salud mental y estudiante universitaria de Ciberseguridad. También soy amante de muchas cosas que se engloban en lo que se denomina arte, y entre ellas, destaca mucho la escritura.

¿Cómo fueron tus inicios en la escritura? ¿Qué te llevó a dar el paso de escribir para ti a hacerlo para los demás?

Empecé a escribir a los 16 años, principalmente para mí, como un diario íntimo. El cambio llegó a raíz de un proceso personal muy difícil. Tuve depresión durante siete años y, en medio del tratamiento psicológico, una de las profesionales que me trató vio que tenía un don con el dialecto y me propuso que escribiera sobre lo que me estaba sucediendo. En lugar de escribir textualmente “me siento mal”, transformé lo que sentía en una historia, en un cuento. Ahí decidí lanzarme a escribir para que otras personas lo vieran y, a la vez, dar mi propio punto de vista sobre las perspectivas de la vida y generar debate.

Esa transición del dolor al arte es muy potente. ¿Hay alguna lectura que te haya marcado en ese camino?

Sí, la verdad es que siempre me gustó la literatura. De pequeña, mi padrino me regaló un libro llamado Princesas olvidadas o desconocidas. Yo esperaba encontrarme con Cenicienta, pero no tenía nada que ver. Me voló la cabeza. Me parecía increíble cómo las escritoras podían plasmar ideas tan profundas en papel, incluso para niños. De ese libro me quedó una frase que hasta hoy me marca: “Soñar es contar historias que aún no se conocen”.

Tienes dos libros publicados. El primero, De Pluma, Tinta y Café, y el segundo, Los Escritos detrás del Sol. ¿Qué nos cuentas en cada uno?

Son bastante diferentes. De Pluma, Tinta y Café es un libro netamente de debate. Son escritos que invitan a la conversación. Los Escritos detrás del Sol es más personal, cuenta ese pasaje, esa transformación de cómo pasé de una etapa oscura a otra. Refleja mi proceso y también se puede ver un avance en mi escritura, un cambio hasta en el dialecto.

Sos escritora, deportista y estudiante de tecnología. ¿Cómo lográs mediar entre mundos tan distintos que requieren disciplinas casi opuestas?

Diría que son casi completamente opuestos (risas). Pero como dice el dicho, cuando uno quiere, hay tiempo para cualquier cosa. La escritura para mí es algo muy natural y espontáneo. No es que diga: “bueno, ahora me siento a escribir”. Surge en los momentos más inesperados. A veces sale un escrito completo y otras veces solo una palabra que se convierte en el puntapié para desarrollarlo después. La parte más estructurada es la edición, pero el boceto original sale de la espontaneidad, de observar a las personas, de analizar los entornos o simplemente de pararse en medio de la calle y mirar alrededor.

Publicar un libro es exponerse a la crítica. ¿recordás alguna devolución, positiva o negativa, que te haya marcado especialmente?

Recuerdo varias. Una muy positiva fue en la Feria del Libro. Un señor bastante grande compró el primer libro, se sentó a leerlo ahí mismo y al terminar se acercó y me dijo que se sintió identificado, que sentía que yo era una portavoz de la gente que no puede hablar. Me voló la cabeza recibir esa devolución en el momento. Por otro lado, también tuve una crítica muy negativa por Instagram, de una persona que me acusó de querer lucrar con la depresión. En vez de tomarlo a mal, lo usé como impulso para reafirmar que yo cuento mi experiencia y no busco eso. Es como las rosas: que una espina te pinche no significa que la rosa sea mala.

¿Qué te depara el futuro? ¿Estás planificando un tercer libro?

Sí, estoy planificando el cierre. Si lo vemos cronológicamente, un libro es el pasado, el otro es el presente, así que me falta el estado futuro. Será una mirada más madura desde el estado post-depresivo. Mientras los otros libros fueron el antes y el durante, este será el después. Buscará generar una introspección en el lector, una reflexión sobre lo que uno aprende después de la tormenta.

Para terminar, mencionaste que una persona fue muy influyente en este camino. ¿Qué rol jugó en tu carrera?

Sí, fuiste vos (risas). Fuiste una persona muy influyente, en especial con mi primer libro. Me ayudaste a animarme, a lanzarme a un mundo que me era ajeno. Yo siempre digo que con eso se creó un monstruo, pero no un monstruo malo de los que asustan, sino un monstruo que demuestra que se puede ser diferente y que se puede salir adelante. Y en eso, tuviste una influencia importantísima.

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